A la vista de la sociedad actual podría decirse que los derechos de los niños y niñas han logrado situarse en el nivel más alto del reconocimiento de derechos humanos. Sin embargo, esto no debe considerarse como un punto de llegada, sino como uno de partida, como los cimientos de un edificio de derechos “en construcción”1 . Una construcción en la que quedan comprometidos los llamados Estados Parte en la Convención, pero a la que también están convocadas las organizaciones de la sociedad civil en general, así como las que trabajan en la defensa de la infancia en particular, sea en el campo de la cooperación internacional al desarrollo, o en el seno de los países que se consideran a sí mismos como más desarrollados. En el escenario de crisis sanitaria y social, los derechos de niños, niñas y adolescentes (por ejemplo, el derecho a la educación, protección o participación) pueden verse amenazados. Los gobiernos locales, al ser el entorno más cercano de la infancia, son un actor clave...